viernes, 5 de marzo de 2010

Al borde del precipicio pensándote

Mi corazón bombea impaciente, aguardando por tu singular presencia.
¿Por qué le permito actuar de esta manera?

¿Por qué lo dejo drogarme con sus constantes preguntas sin respuesta?

¿Quién ha de detenerlo si soy yo quien lo altera?

Sin razones significativas me sumo en el silencio de mi mente, a la cual he callado con violencia.

No sea cosa que pretenda dar falsas promesas de soluciones sin certezas.

Y le digo: platicáme lo que quieras, Tus palabras eclipsan mi razonamiento.

Eres cruelmente inocente de esta incertidumbre que me generas, que afila la daga sinvergüenza que sin piedad apuñala mi hora pálido semblante.

Y yo quedo sepultada con la penosa mirada de estas piedras que me rodean y que caen incesantes sobre mi cuerpo inanimado por tu ausencia.

1 comentario:

Diana de Méridor dijo...

Sí, hay alguien al otro lado y no serán monólogos, madame, porque aqui seguiremos.

Mucha suerte con este proyecto que emprende, y gracias por visitar la corte. La esperamos siempre.

Feliz domingo

Bisous